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viernes, 11 de septiembre de 2009

Oscuridad



Ya la oscuridad se ha prolongado bastante. Hubo tiempos en los que quería creer que mis ojos finalmente se habían acostumbrado. Que lo que me rodeaba era una niebla demasiado espesa. Que me encontraba, como mucho, en un rincón en penumbra.

Pero el tiempo pasa y al intentar avanzar, puedo darme cuenta que no es un momento o un espacio. Lo es todo. La oscuridad se encuentra allí donde mire. Todo el tiempo.

Me levanto y a tientas me muevo. Voy buscando indicios de alguna salida, algún resquicio esperanzador. Me conformo con saber que es finita. Que yo me encuentro encerrada en ella, pero que ella se encuentra encerrada en luz. Una luz brillante, encegecedora...

A lo lejos veo algo. Si, parece una abertura. Sólo veo una línea luminosa. A los tumbos intento llegar. Me tropiezo mil y una veces, pero por fin logro llegar hasta lo que parece una puerta.
Si, sin dudas hay luz al otro lado.

Tanteo hasta encontrar el picaporte y con toda la ilusión la abro... para encontrar una bombilla que cuelga frente a la puerta. Un simple foquito que se mece y parpadea...

Tal vez si miro mejor, veré que sólo es el comienzo de una salida, un túnel que empieza aquí y termina en el exterior, bajo el sol...

Pero no. La oscuridad se extiende hasta el infinito... Y ya estoy cansada de ella. Cansada de no encontrar la pared final de Truman por donde escapar hacia otra realidad. Me siento agotada.

Despacito, cierro la puerta. Lentamente me deslizo por la pared hasta llegar al suelo. Me acurruco como un perro con frío y lloro. No queda más por hoy...

domingo, 6 de septiembre de 2009

Limón con sal? (o de cómo convertirse en catador de desilusiones)




Es un sabor casi indescriptible pero persistente, penetrante. Primero toma la lengua, la boca. Luego, de a poco, la nariz y la garganta. Lentamente aturde la mente, el alma...

Es imposible de encasillar en un solo adjetivo. Tal vez una mezcla de todos ellos. Como una poción lentamente preparada en un caldero que Hades remueve lentamente, con la malicia en la comisura de sus labios.

Cuando toca la punta de la lengua, puedes sentir la dulzura. Un néctar que acelera los latidos, impulsa adrenalina hasta sentir que la cabeza va a explotar. La garganta y el estómago sienten un nudo de incredulidad ante tanto placer.

Pero sólo dura un suspiro.

Pronto, la ironía de lo salado aparece. Provoca una mueca extraña en la cara. Quiere ser una sonrisa que se transforme en risa. Una carcajada seca y sin vida. Esa que presagia: the joke's on you...

Y ahí es como si fuera el cuerpo mismo el que genera la respuesta ácida. Esa que clama venganza, con lentitud y crueldad. El ácido es obstinado, rencoroso y contamina todo. Congelando el corazón y quemando la mente con sables al rojo vivo.



Al final, todo se oscurece.

Lo amargo lo toma todo para sí. Desde el pelo hasta la punta de los pies. Inunda de tal forma, que un tiritar helado recorre el cuerpo, mientras los lagrimales arden.

El pataleo de la revancha impotente y frustrada ha cedido el paso a una inmovilidad resignada.

Lo único que es aún posible de percibir es la salada ironía. Como un chispeo burlón que recuerda las advertencias del Oráculo.

Esta vez, el sabor me acompaña, se instala, anida y me define...


"Whatever makes you happy
Whatever you want
You're so fuckin' special
I wish I was special

But I'm a creep,
I'm a weirdo
What the hell am I doin' here?
I don't belong here..."