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domingo, 25 de enero de 2009

Yo y todas



Siempre están ahí... Agazapadas... Otras ocupando mi lugar, acompañando, observando, juzgando.

Ella es la más cruel. Es fría y manipuladora. Nunca está quieta y su diversión es rondarme con su risita burlona. Me ve caer, humillarme y lastimarme soltando carcajadas y señalándome con su dedito.
No se da cuenta que si me hundo, ella se hunde conmigo.
Ella impulsó mi decisión de no mostrarme vulnerable "nunca más!". Y no por miedo a los demás, a los de afuera. Miedo a asomarme a ese abismo y sólo escuchar su risa amarga...

La otra es una etérea presencia, frágil e indefensa. A veces puedo sentir cómo se acerca y posa su cabeza en mi hombro muy suavemente mientras solloza como una niña pequeña. Su manito acaricia mi espalda, intentando consolarme...
No se da cuenta que si se hunde, me hundo con ella.
Ella alimenta los deseos de quedarme en un rincón, inmóvil, pasando desapercibida entre un paisaje que me cubra y disimule, hasta que se haya extinguido todo recuerdo de mi existencia.



Quien creyó vernos y entendernos, no pudo ver nuestra complicidad indomable. Hace tiempo que sospecho que nunca me vió a mí. Pero no es su culpa. No sería la primera vez que me suplantan... y es difícil saber quién es quién en esta jungla vertiginosa.

Hoy la impotencia me toma para sí, cuando él se aleja y (mientras yo grito y pataleo en el interior, queriendo detenerlo) ella ríe, hace bromas y lo ve partir...

Y tal vez seamos muchas más. Una por cada persona que se atreve a asomarse a nuestro mundo. Dejo que el otro me/nos defina, me/nos moldee a su medida.
Una medida de costumbres que luego duelen en el abandono de poesías sin recitar, tirados en un sillón o de tangos que no susurras en mi oído.

Ya es hora de aparecer, de permitirte que me veas. De permitirles que me vean. De verme. De que desaparezcan todas y quede sólo YO.

lunes, 12 de enero de 2009

Gonna have to face it, you're addicted to love...





Nunca se sintieron víctimas de adictos al amor? O lo fueron ustedes mismos? Así, como Palmer lo describe... Ven una señal y se lanzan a la caza de los incautos que no los ven venir...
No parece posible, pero el amor me hace desaparecer. Este tipo de amor, de cariño, de estima de... "no le pongamos palabras"... A las palabras se las lleva el viento, de eso estoy segura. Lo que quedan son los sentimientos, esos que nos estrujan a veces el corazón.
Con los adictos al amor sólo me encuentro en guiones, en actitudes, en situaciones preestablecidas, pero no estoy yo. Y al parecer nadie me echa de menos... Sólo requieren mi presencia para completar la imagen.
Tienen intereses ocultos, metas autoimpuestas y amores verdaderos inalcanzables...

Hoy toca jugar de placebo... No me gusta ese rol. Pero quizás a todos nos toque jugar hoy el mismo papel.

Y como a las palabras se las lleva el viento, hoy puedo decirte que te quiero.

martes, 6 de enero de 2009

Llegaron las vacaciones... (ese momento en el año donde la gente se vuelve más monstruosa de lo que ya es...)

Durante tres años pude mirar el mar cada día, y nunca lo he visto más hermoso que en invierno. Solitario, calmo, imponente. Me hipnotizaba perder la vista en algo tan vasto...
Las únicas veces que nos hemos encontrado él y yo, fue bajo la luz de la luna, discreta, cuando el calor acumulado de una larga jornada me obligaba a sumergirme en su espesura negra, misteriosa y atrapante.
Hace unos meses tuve la oportunidad de volver a ver el mismo pedacito que me había acompañado en un tramo de mi camino... Hice una excepción y me aventuré en las arenas que lo preceden...


Enero (o Julio, dependiendo del hemisferio en que nos encontremos) trae un ir y venir de ojotas, sombrillazos, reposeras y toallas olorientas de humedad. Olor a crema y sal que se adhiere al cuerpo... Arena que se cuela allí donde no es querida ni requerida (y que no hay forma de sacar, ni con chorros a presión, de esos que se usan para limpiar antiguas catedrales...)
Y trae algo que ninguna fuerza del universo puede evitar: la fauna playera.
He retratado un espécimen en particular, por ser el que más me ha marcado en mi experiencia de trabajo veraniego. EL YAYO (forma cariñosa, y a veces no tanto, de decirle al abuelo).


Éste presentaba el pack completo:
- Reposera: ni muy alta ni muy baja, así le sea fácil levantarse (y que antes de comprarla, revisará una y mil veces, intentando encontrar una excusa para un descuento).
- Bolso playero: de dimensiones excepcionales, que vaciarán por completo en busca de su bronceador factor 1300 (que será colocado dibujando una perfecta línea blanca sólo en la nariz)
- Sombrero cubano: ese accesorio infaltable que me intriga demasiado, por no haber sido capaz de leer que es lo que dice en la cinta roja... y que utilizado enmarcando una cara con lentes (y una camisa... digamos, colorida), sólo me recuerda a Hannibal Lecter al final del "Silencio de los Inocentes"....
- Y el elemento estrella: la radio AM (no, no... no hay opción a FM). Aunque intenté ser rápida al "desenfundar", no aparece en la foto. Pero está allí, pequeñita, con su antenita, emitiendo esos sonidos metálicos que llegan a lugares recónditos sin transmitir ningún mensaje, excepto "en algún lado hay un abuelo con una radiola a todo lo que da..."

Son muchos los especímenes que podría describir en este micro cosmos que es la playa, pero el NatGeo nunca fue mi canal de cabecera y no hablaría con la imparcialidad descriptiva que se precisa. Lo haría como quién ve SU tranquilo paisaje invernal invadido de foráneos, que mancillan con sus huellas las arenas donde mi mirada solía perderse en busca de respuestas.
El verano le hace perder al mar su majestuosidad, con todos esos ínfimos y pequeños paganos que se sumergen en sus aguas, ignorando su furia escondida. No importa... él se encarga de darles un revolcón de vez en cuando, para recordarles quién manda por aquí...