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lunes, 29 de junio de 2009

La pared (o de cómo creer que no existen opciones)



Lentamente se prepara. Mientras sube el cierre de su chaqueta frente al espejo, puede sentir cómo su ropa sigue suavemente sus curvas. Aquel reflejo vacío es lo único que los demás ven. A nadie le importa lo que siente o piensa. Se agolpan para verla, para presenciar el espectáculo. Es lo único que interesa y lo único que quieren. Dan por sentado que bajo su piel no corre sangre... sólo adrenalina.

Hecha en falta algo. Mientras busca, debe frenar el impulso de tomar el sueño que tuvo, como un mal presagio. Finalmente, encuentra sus guantes y sigue preparándose. No puede perder ni un minuto. La tribuna ruge.



Sube a su coche, negro como su humor y como el destino que espera al final del show. El motor arranca y todos ríen expectantes. El entusiasmo puede palparse en el ambiente. Lentamente va presionando el acelerador. Es una estrategia para mantener en vilo a su público, aunque algunos piensan que es sólo mantener una posibilidad de arrepentirse. Otros creen haber visto un dejo de turbación en su mirada...
Pero no. Ella nunca abandona. Nunca lo hará. Desde el comienzo su mirada está fija en el final del trayecto y su rostro es de absoluta calma.



La pared se acerca ahora velozmente. Cada vez más. Más. No puede quitarle los ojos de encima. Como siempre, la hipnotiza.
Segura, serena, aliviada. Sonríe mientras los fragmentos se incrustan en su cuerpo. Mientras la física le demuestra que no puede traspasar objetos. No es la primera vez, no será la última. Más que una afirmación, es una corroboración.

Por un instante, creyó que aquel sueño, en el que una fuerza desconocida la detenía antes de chocar, podría haberse vuelto una realidad que no sabría cómo enfrentar...

Y allí estará un tiempo... tendida en el suelo. Sus heridas sangrando y sus huesos destrozados. Pero no verán dolor en su rostro (hasta me animaría a vislumbrar una sonrisa...) Allí estará por un tiempo, pero aún sin fuerzas, volverá a levantarse.

Para vestirse lentamente, observar ese reflejo irreal y distante que la gente ve y volver a subirse a este juego vertiginoso y cruel. Para dejarse hipnotizar por esa pared que indefectiblemente estará al final del camino...

Al fin de cuentas... la diversión está en estrellarse, verdad?