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jueves, 28 de agosto de 2014

Historias de dos bares (o de cómo todo es cuestión de perspectiva)


Esa fue la reflexión de domingo y que me hizo lagrimearle un poco la mesa a la dueña del bar en cuestión. Y lo sentía aplicable a varios aspectos de mi vida.
Empezaba por el más obvio y reciente que era el de una nueva separación. Uno suele verse a sí mismo como un buen partido. Yo soy medio neurótica, bastante dominante y muy despelotada. Pero lo compenso con ser mimosa hasta el hartazgo, adaptable y tolerante a las neurosis y gustos ajenos.
Y el mayor de mi defectos: ser estúpidamente malcriadora del otro.
Creía que no era tan mal pack después de todo y que podría construir una relación, una familia, un hogar...
Y aquí estoy, al final de mi segundo matrimonio, desburrándome con que no es suficiente. Ni por cerca. Una cree que va yendo a desayunar a El Cadillal... Y termina en un baretito trosko donde no encontré quién atienda.

(Aclaro que la metáfora se refiere a la soledad y a que las relaciones no hayan funcionado. No a las personas que me acompañaron por sendos caminos. Que no se hieran sensibilidades al cuete).

En un cuadro más grande, vi mi vida desde "lejos" y me hice cargo de las expectativas de mi madre, que tanto hizo por mi, que me dio todas las posibilidades y yo LAS DESPERDICIÉ UNA POR UNA, con paciencia detallista. Educación de privilegio, viajes, vivir en el exterior, el puto master... Todo, sistemáticamente.
Le lloré a la dueña del barcito, mientras ella le preparaba el café a esta descolgada que le caía a desayunar a las doce de un domingo. Me sentí frustrada, me sentí estúpida, me sentí muy inútil. Porque nunca iba a poder darle a mi hija todas las chances que me dieron a mi. Porque iba yendo a desayunar a El Cadillal y terminé en un baretito trosko vacío, donde no había quién me atienda.

Pero de pronto miré la pared y vi una foto enorme de los Beatles, unas frases escritas, un par de dedicatorias a los dueños del bar y muchas fotos de gente ahí.


Y me fuí un poco más atrás en mi vida. Yo no estaba destinada a esta vida, a estas oportunidades. Mi vida podría haber sido muy diferente, más triste y con otros valores a mi alrededor. Pero aparecieron mis padres y me adoptaron. Y me dieron mucho mucho amor, además de todas esas oportunidades.
Y a pesar de no haber seguido las expectativas de mis viejos y de no haber sido la persona exitosísima (en términos convencionales) para lo que quisieron prepararme, mi vida no está para nada mal.
He viajado a muchos lugares, donde he conocido gente maravillosa. He aprendido el valor del trabajo. Tengo amigos inmejorables, fieles y a los que considero mi familia. He amado y me han amado. Tengo un bultito de amor que me reclama cada día y por la que muevo cielo y tierra. Y encontré un lugar en el mundo donde me permiten desarrollarme profesionalmente y que me ha sorprendido con un sentido de pertenencia que hace mucho no sentía.
A veces los caminos no son los que esperamos o los que estaban destinados. Pero definitivamente eso no significa que sea malo, sino todo lo contrario. Puede enriquecernos mucho más y abrirnos la cabeza de una inmensa cantidad de formas.

A veces vamos yendo a desayunar a El Cadillal pero nos encontramos con La Enrramada que es uno de los bares más queridos de barrio sur.